En un entorno empresarial cada vez más complejo, tener una cultura basada en datos se ha convertido en un diferenciador clave. En septiembre de 2019, las compañías que destacan en sus sectores suelen ser aquellas que hacen de los datos el fundamento de sus decisiones estratégicas, más que la intuición o la experiencia individual. Para una empresa mediana, construir esta cultura significa que desde la alta gerencia hasta los mandos medios se tome hábito de preguntar: «¿Qué nos dicen los datos al respecto?» antes de lanzar un nuevo producto, entrar a un mercado o cambiar un proceso crítico.
Fomentar una cultura data-driven comienza por la democratización del acceso a la información. Si los datos permanecen encerrados en silos departamentales o solo los analistas de TI pueden acceder a ellos, es difícil que permeen en la toma de decisiones diaria. Muchas organizaciones medianas están invirtiendo en plataformas de BI de autoservicio y cuadros de mando accesibles a diferentes áreas. Por ejemplo, el equipo de ventas dispone de un dashboard actualizado al día con las conversiones, la efectividad de cada campaña y las proyecciones versus las metas; finanzas cuenta con otro con indicadores de liquidez, rotación de cartera y simulaciones de escenarios. Al poner estas herramientas en manos de quienes deben actuar, se promueve que las reuniones de seguimiento y planificación giren en torno a datos concretos, evitando decisiones basadas en percepciones vagas o casos aislados.
Otro aspecto crucial es elevar la alfabetización de datos en la organización. No todos en la empresa son analistas, pero todos pueden aprender a interpretar los indicadores básicos de su área. Las empresas exitosas invierten tiempo en entrenar a su personal para leer gráficas, entender conceptos estadísticos sencillos y cuestionar la calidad de los datos antes de usarlos. Esto conlleva también establecer un gobierno de datos sólido: fuentes de información confiables, definiciones unificadas (por ejemplo, que todos entiendan igual qué es «un cliente activo» o «una venta realizada»), y políticas para asegurar la integridad y privacidad de los datos.
Cuando una cultura basada en datos echa raíces, los beneficios se manifiestan en decisiones más acertadas y agilidad para ajustarse al mercado. Por ejemplo, una empresa que constantemente analiza el comportamiento de sus clientes puede detectar a tiempo un cambio en sus preferencias y adaptar su oferta antes que la competencia. O una industria que monitorea en detalle sus márgenes y costos podrá decidir con fundamento dónde recortar gastos sin comprometer la calidad, en lugar de hacerlo a ciegas. Además, la cultura de datos alimenta la innovación: equipos multidisciplinarios exploran los datos en busca de ideas, validan con experimentos rápidos (A/B tests, pruebas piloto) y escalan aquello que muestra resultados, todo en un ciclo respaldado por evidencia.
Crear esta cultura no ocurre de la noche a la mañana. Requiere compromiso de la dirección para predicar con el ejemplo (es decir, que los líderes también fundamenten sus pedidos y planes en datos), y persistencia para superar viejos hábitos. Sin embargo, a medida que 2019 avanza, queda claro que ser una organización orientada por datos ya no es opcional, sino necesario para tomar decisiones estratégicas informadas en un mundo donde la información fluye por doquier. La buena noticia es que las empresas medianas, con su agilidad y cercanía entre áreas, están en una posición excelente para adoptar rápidamente estos principios y cosechar sus frutos.







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